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PREFACIO

La práctica médica, a pesar del indiscutible desarrollo de herramientas y avances en biotecnología, genética, y epidemiología clínica, no ha logrado superar el “epísteme del sujeto” inaugurado por descartes; donde el paciente es visto como un conjunto de signos y síntomas, un ser unidimensional, homogéneo, en el cual la Medicina y sus practicantes deben intervenir.

Esta visión lineal de la realidad, impide la visión integral de los problemas de salud y el entendimiento de la complejidad de los problemas humanos y de la salud enfermedad.

El nuevo epísteme que nosotros proponemos para la práctica médica, tiene como base el pensamiento de Pierce, Habermas, Minuchin, Maturana, Morin y otros pensadores semiólogos, estructuralistas y comunitaristas, que nos invitan a transformar la práctica científica. Ellos aseguran que el conocimiento de la realidad no está en la conciencia, sino en el lenguaje, por lo tanto la transformación de la realidad, inicia en la renovación del lenguaje, en nuestro caso del lenguaje médico.

Maturana plantea que pensamos y conocemos el mundo porque vivimos en el lenguaje y porque existen interlocutores que comparten esta misma condición; que somos sujetos de lenguaje, característica que se antepone a la conciencia. “Vivimos en un mundo que sólo podemos conocer porque existen otros que también conocen y lo hacen a través del mismo instrumento que yo: el lenguaje”.

Para Peirce, la arrogancia del conocimiento de la realidad se desvanece, por que su preocupación está en cómo construimos la realidad en el pensamiento; puesto que toda realidad queda mediada y clausurada en el pensamiento. Esto no significa negar la existencia de algo allá en el exterior, simplemente debemos reconocer que la realidad deviene a través del signo, que equivale a decir que accedemos a la realidad por inferencia. La inferencia se constituye como el método del pensamiento que lleva a una práctica.

Los médicos tenemos un pensamiento pragmático, no nos gusta la filosofía ni las ciencias sociales, nos molesta la subjetividad y queremos algo concreto, que nos lleve a una acción. La declaración de Alma Ata fue el último intento de entregarle un sentido a la práctica médica, el fracaso de la estrategia inicial del APS, nos quitó la esperanza de apoyar los cambios sociales y en este nuevo siglo, nos aferramos a herramientas clínicas como la Medicina Basada en la Evidencia, a la cual erróneamente la convertimos en un nuevo paradigma.

La medicina necesita un nuevo acuerdo para la acción, no puede hacerse más desde paradigmas dogmáticos, religiosos o metafísicos; la secularización exige que todo argumento sea positivo, es decir, comprobado empíricamente. Tampoco ese acuerdo puede ser puramente científico, pues la ciencia plantea enunciados descriptivos comprobados, no enunciados prescriptivos; es decir no plantea enunciados en el campo del deber ser sino del ser.

La ciencia médica comprometida con el paciente y su dignificación, no pretende lograr acuerdos en torno a sus demostraciones descriptivas, sino más bien con sus resultados medidos por el paciente y la comunidad.

Para lograr el consenso, es necesario dejar de simular la neutralidad de nuestra práctica y aceptar que respondemos a intereses y fines políticos.

Esto cuestiona la búsqueda de acuerdos normativos, porque lo que se pretende en ellos es una validación hecha por todos los sujetos participantes. Simplemente son caminos distintos y lo que buscamos son acuerdos valorativos mínimos dentro de nuestra comunidad médica. Entonces para construir acuerdos universales es necesario acudir a la razón.

Esto sólo es posible si se piensa en la argumentación como un proceso lógico y de producción de pensamiento, discutido y elaborado por una comunidad de médicos y pensadores médicos, capaces de llegar a un acuerdo intersubjetivo y a consensos mínimos que se transforman en una práctica.

¿Cómo evitamos que nuestros pacientes sean solo objetos de descripción en esta nueva práctica médica?. Superando el medicocentrismo y el egocentrismo de la práctica médica, incorporando además de las matemáticas, las ciencias sociales como auxiliares metodológicos.

Conceptos como la observación participativa, el relativismo cultural, la eficacia simbólica, la investigación cualitativa, la escucha activa, la interpretación del discurso, deben formar parte del método de abordaje e interpretación clínica.

Las limitaciones para lograr esta nueva práctica médica, están tanto en el médico y en su formación, como en el contexto, las políticas y los determinantes del mercado.

El médico a nivel personal debe superar varios obstáculos ideológicos:

  1. Las limitaciones en su formación académica y el poco desarrollo de competencias, que se manifiestan como: mediocridad y falta de profesionalismo.
  2. La arrogancia médica y el trilema de Münchhausen, que otorgan una falsa seguridad intelectual donde sus viejas argumentaciones son inmunes e incuestionables. Ejemplo son los médicos orgullosos de su experiencia o del dominio de una parte del conocimiento médico.
  3. La burocratización del trabajo médico y la búsqueda de la homogenización del ejercicio de la médicina, que convierte al médico en una herramienta del sistema de salud, recurso acrítico e institucionalizado.
  4. Los valores mercantilistas y la presión social por alcanzar el estereotipo del “médico exitoso”, que logra el ascenso social, son sin duda el obstáculo mas difícil de vencer para todos los profesionales.

En la práctica médica, todos estos intereses entran en conflicto, provocando insatisfacción y rechazo de la práctica médica de parte de la comunidad que ha perdido el respeto y la confianza en la medicina.

El médico, inmerso en una práctica, tampoco está satisfecho con su ejercicio, repite su práctica mecánicamente, sin lograr visualizar que existe otra forma de ejercer la medicina.

Cuando logra el cuestionamiento personal, se enfrenta a una contradicción dialéctica en el sentido de Hegel.

Este proceso dialéctico se constituye en una proceso individual de cambio, a través de la cuál el médico busca su diferenciación e inicia una práctica basada en la Comunidad, que va transformando la medicina.

Esto no significa dejar de conocer y estudiar el avance de la biomedicina, tampoco buscar refugio en las medicinas alternativas; se debe continuar con las acciones y argumentaciones que nos definen como médicos, sin olvidarnos que la pretensión de validez científica y búsqueda de evidencias, logra consensos útiles pero homogenizadores del paciente; la dignificación solo es posible respetando la singularidad y la diferencia.

Esto cuestiona la búsqueda de acuerdos normativos, porque lo que se pretende en ellos es una validación hecha por todos los sujetos participantes. Simplemente son caminos distintos y lo que buscamos son acuerdos valorativos mínimos dentro de nuestra comunidad médica. Entonces para construir acuerdos universales es necesario acudir a la razón.

Esto sólo es posible si se piensa en la argumentación como un proceso lógico y de producción de pensamiento, discutido y elaborado por una comunidad de médicos y pensadores médicos, capaces de llegar a un acuerdo intersubjetivo y a consensos mínimos que se transforman en una práctica.

¿Cómo evitamos que nuestros pacientes sean solo objetos de descripción en esta nueva práctica médica?. Superando el medicocentrismo y el egocentrismo de la práctica médica, incorporando además de las matemáticas, las ciencias sociales como auxiliares metodológicos.

Conceptos como la observación participativa, el relativismo cultural, la eficacia simbólica, la investigación cualitativa, la escucha activa, la interpretación del discurso, deben formar parte del método de abordaje e interpretación clínica.

Las limitaciones para lograr esta nueva práctica médica, están tanto en el médico y en su formación, como en el contexto, las políticas y los determinantes del mercado.

El médico a nivel personal debe superar varios obstáculos ideológicos:

  1. Las limitaciones en su formación académica y el poco desarrollo de competencias, que se manifiestan como: mediocridad y falta de profesionalismo.
  2. La arrogancia médica y el trilema de Münchhausen, que otorgan una falsa seguridad intelectual donde sus viejas argumentaciones son inmunes e incuestionables. Ejemplo son los médicos orgullosos de su experiencia o del dominio de una parte del conocimiento médico.

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